
La planta de mango permite, con los cuidados adecuados, que podamos disfrutar de cosechas de la fruta del mango una o dos veces al año.
Para la selección de la semilla, debemos consultar cuál es la más utilizada en nuestra zona, no debemos olvidar que el mango se trata de una planta tropical y, por tanto, la planta de mango necesita de una cantidad abundante de rayos de sol directos durante la mayor parte del año.
Una vez obtengamos una semilla germinada y su raíz asome, puedes ver también cómo hacer crecer una planta de aguacate, la semilla estará lista para ser plantada. El tallo de la planta brotará por el lado inverso a la raíz. Es importante que la semilla apunte con su raíz hacia el suelo y el lado inverso, donde brotará el tallo, debe asomar ligeramente sobre la tierra.
Pasados unos 10 días, las hojas rojizas jóvenes empezarán a ser visibles. Una vez alcanzando los 50 cm y 60 cm debemos proceder a realizar el pinzado para eliminar los extremos de los tallos. De esa manera podemos ir dando forma a la planta, lo ideal es conseguir dos o tres ramificaciones de manera de que planta crezca de forma ordenada.
Pasados varios años y con un tallo principal lo suficientemente fuerte la planta estará lista para ser injertada y convertirse así en un árbol que pueda darnos frutos de mango.
Como en cualquier otra planta los injertos deben proceder del árbol cuya variedad de mango queramos cultivar, ya que será de sus ramificaciones de las que obtengamos el fruto.
Una vez seleccionado la púa (trozo de rama de otro árbol con frutos con dos o tres yemas) a injertar sobre la planta, la selección del lugar adecuado para realizar el injerto será clave. Debemos seleccionar la parte final de una rama de nuestra nueva planta justo en la sección anterior a la siguiente crecida.
Esta última crecida la cortaremos completamente dejando en la parte final de la rama unos 20 cm sin hojas ni ramificaciones para posteriormente realizar la escisión lateral donde insertaremos nuestro injerto de púa.

Qué tarda en dar frutos un árbol del mango
En los arboles jóvenes debe realizarse la correspondiente eliminación de los frutos los primeros años para obtener en un futuro una óptima floración una vez la planta alcance su edad adulta.
El paso de la flor de mango al fruto requiere de altas temperaturas, de no ser así, se produce el aborto del embrión del fruto y por tanto no alcanzará el tamaño que debería. Es por eso que, con el árbol ya adulto, en aquellos cultivos que no disfruten de temperaturas muy cálidas en el momento de floración, debemos asegurarnos de retrasar el cuajado de flor a fruto hasta un momento del año posterior de temperaturas adecuadas. Para saber si es el momento óptimo para el cuajado (cambio de flor a fruto) debemos comprobar si hay aborto de embrión en la rama recogiendo los frutos al comienzo de su crecimiento, si los frutos están llenos significa que han cuajado y que por tanto alcanzarán el tamaño adecuado. Por el contrario, con los frutos abortados debe podarse la flor, y esperar así, a la segunda floración ese año que debería acompañada de las temperaturas óptimas.

Con la eliminación de esa primera floración conseguimos también una cuajado más paulatino y más tardío en algunos árboles evitando así la aparición de los frutos en todos los arboles simultáneamente.






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